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LIBRO-ÁLBUM DEDICADO A LOS CONTACTOS ENTRE LOS BÚLGAROS Y LOS ESPAÑOLES
Venceslav Nikolov
Acaba de salir un libro-álbum profusamente ilustrado y de presentación lujosa en idiomas búlgaro y español bajo el título “Los búlgaros y los españoles”. Lo ha publicado la fundación “Tangra” que lleva el nombre del dios de los protobúlgaros. Junto con los eslavos y los tracios y al frente de ellos, a finales del siglo VII éstos crearon la Bulgaria balcánica o danubiana venciendo a las tropas del emperador de Constantiniopla y arrancando un buen pedazo del territorio bizantino. Este Estado perduraría 13 siglos, aunque durante la mitad de tan largo período los búlgaros habríamos de vernos privados de nuestro propio Estado, porque por un siglo y medio fuimos dominados por Bizancio, y luego, entre finales del siglo XIV y finales del XIX, estuvimos sojuzgados por el Imperio de los turcos otomanos. Aún así, Bulgaria es el Estado más antiguo de los hoy existentes en Europa que actualmente lleva el mismo nombre con que fue creado, hace de ello, como decíamos, 13 siglos. El libro “Los búlgaros y los españoles” forma parte de la serie de obras que la fundación “Tangra” dedica a los vínculos entre el pueblo búlgaro y pueblos de países cercanos y lejanos. Autor del texto en búlgaro y traductor del mismo es Venceslav Nikolov, redactor en los Programas de Radio Bulgaria en Español, quien lleva más de un cuarto de siglo estudiando los contactos entre los pueblos de Bulgaria y España: dos países situados en las penínsulas meridionales extremas de Europa. ¿Cuál es, según Venceslav Nikolov, la principal tesis desarrollada en este libro? La tesis más importante plasmada en el libro es que, contrariamente a lo que se pudiera pensar, a pesar de esta enorme distancia geográfica que hubo en el pasado remoto entre España y Bulgaria, a través de los siglos se produjeron algunos contactos entre búlgaros y españoles. No se puede hablar, ni mucho menos, de relaciones de gran intensidad, como pueden ser las que existen entre naciones vecinas o al menos cercanas en el espacio. Pero contactos no han faltado. Algunos ejemplos. A comienzos del lejano siglo XIV, el célebre jefe militar aragonés Roger de Flor, que llegó a Constantinopla para ayudar a Bizancio contra las incursiones de los turcos, se casó con una joven, hermosa e inteligente muchacha de aristocrática sangre búlgaro-bizantina. En aquel entonces, y más tarde también, la llamaban María Princesa de Bulgaria. El guerrero fue asesinado pero María tuvo de él un hijo, Rogeró, y madre e hijo con toda probabilidad se marcharon a Barcelona, centro de los dominios de la Corona de Aragón, donde sentaron los fundamentos de un linaje búlgaro-bizantino-español. Siempre a Cataluña, y al puerto de su ciudad más importante, Barcelona, llegaron pocos decenios más tarde cientos de esclavos y sobre todo esclavas búlgaros vendidas por los turcos otomanos que conquistaron Bulgaria a finales del siglo XIV. Una vez liberadas por sus piadosos dueños y sobre todo dueñas catalanas, estas búlgaras también echaron raíces en la Península Ibérica. Casi tres siglos más tarde, voluntarios búlgaros huidos de la esclavitud en el Imperio Otomano, combatieron contra los turcos y al lado de la coalición cristiana guiada por España, en la célebre batalla naval de Lepanto. Su propósito era el de ayudar a los cristianos católicos a vencer a los turcos para que Bulgaria se viera libre lo antes posible de la dominación otomana. Otros tres siglos después, muchos españoles llegaron a Bulgaria como corresponsales durante la Guerra Ruso-Turca de 1877 y 1878, que trajo la Liberación de nuestro pueblo de cinco siglos de dominio otomano. Incluso llegó el famoso don Carlos de Borbón, llamado Duque de Madrid, protagonista de las guerras carlistas en España y pretendiente al trono español. Don Carlos esperaba que el emperador ruso le ayudara a ocupar el trono español. En los memorables ataques rusos a las posiciones turcas de Pleven, en el Norte de Bulgaria, el aristócrata español dirigió una ofensiva de un regimiento de infantería ruso y rumano blandiendo un bastón en vez de un sable. En aquella guerra, a través de las descripciones de la tierra búlgara y sus habitantes, descripciones verbales y gráficas que estos corresponsales enviaban a sus periódicos en Madrid, España descubrió Bulgaria. Medio siglo más tarde, casi 500 voluntarios búlgaros pelearon en la Guerra Civil Española en las filas republicanas. En la tierra española están sepultados los huesos de muchos búlgaros que murieron por una causa que creían justa. Después de un período de estancamiento de las relaciones durante el régimen autoritario de Franco en España y del totalitario en Bulgaria, a mediados de los años 70 empezó a palparse cierta intensificación de los contactos bilaterales, quedaron restablecidas las relaciones diplomáticas. Es curioso pero justamente en la época de aislamiento político entre los dos países aquí en Bulgaria empezaron a aparecer muchísimas traducciones de obras literarias españolas clásicas y modernas, se abrió una Licenciatura de Español en la mayor universidad del país, la de Sofía. Este desarrollo se hizo aún más pujante después de los cambios democráticos de 1989 en Bulgaria y continúa hoy. En la pequeña Bulgaria, con menos de 8 millones de habitantes, se han licenciado en Filología Española de 1966 a esta parte casi 2 mil hispanistas de nivel universitario. Hace pocos días, se dio a conocer en una ceremonia la próxima apertura de un Centro Cervantes en Sofía, que será el más grande en el Sureste Europeo. Búlgaros y españoles exploran juntos los secretos de la helada Antártida distando las estaciones búlgara y española escasos 4 kilómetros una de otra. Unos y otros degustan juntos el sabor de la paella española y del aguardiente búlgaro muy caliente, en condiciones antárticas. Los españoles se acuerdan todavía de los fenomenales goles del futbolista búlgaro Stoichkov con el Barcelona, en la década de los 80, y de las grandes entrenadoras búlgaras de la selección española de gimnasia rítmica en el mismo período y en años posteriores. En Bulgaria, el Quijote es uno de los libros más traducidos y más leídos. Una de las primeras traducciones la realizó a principios del siglo 20 el poeta Konstantin Velichkov estando en la cárcel por motivos políticos. Cervantes también empezó a escribir su novela estando en la cárcel. O sea que con cuatro siglos de diferencia, el autor del Quijote y uno de sus primeros traductores al búlgaro comenzaron a trabajar sobre sus Quijotes tras las rejas. Por cierto, hay cerca de cien poemas elogiosos de otros tantos autores búlgaros dedicados a Miguel de Cervantes y a su inmortal hidalgo ingenioso. El idioma español es la segunda lengua extranjera después del inglés cuyo estudio en Bulgaria registra el más rápido ritmo de crecimiento: hecho muy elocuente que está subrayado en el libro. El español es muy popular sobre todo entre los jóvenes. El Instituto Secundario “Cervantes” es una de las escuelas más prestigiosas y demandadas de la capital búlgara. También lo son los cantantes de ópera y grupos folklóricos búlgaros que actúan en España. Este intercambio de artistas es muy fructífero y crece prácticamente de día en día. En Bulgaria se organizan exposiciones del gran Joan Miró y en la Galería de Arte Extranjero de esta capital se abre una Sala Permanente del Arte Español. Y en Barcelona, Madrid y otras ciudades españolas se presentan los célebres tesoros de oro de los tracios, los primeros habitantes conocidos de las tierras búlgaras. Todos estos hechos y muchos más están presentados en las páginas del libro titulado “Los búlgaros y los españoles” que, por cierto, ya se ha merecido comentarios muy elogiosos de los especialistas búlgaros y españoles y en general del público lector de ambos países. Esperemos que con la próxima entrada de Bulgaria en la Unión Europea, prevista para el año 2007, los dos pueblos tengamos oportunidades aún mejores para conocernos y acercarnos.” (De los Programas de Radio Bulgaria en Español)
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