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Quien por la libertad cae, no muere nunca
A los 128 años de la caída en combate del gran poeta y revolucionario búlgaro Hristo Botev
Venceslav Nikolov
El 2 de junio de 1876, caía en combate, en la cordillera de los Balcanes, el más fogoso poeta y uno de los más grandes patriotas y revolucionarios búlgaros, Hristo Botev. Ofrendó su vida, cuando contaba sólo 28 años, en la contienda contra los opresores otomanos, que dominaban al pueblo búlgaro desde hacía cinco siglos. Moría heroicamente en una de las cumbres de los Montes Balcanes al frente de un destacamento guerrillero, que él mismo había formado con emigrados búlgaros en Rumanía, y que había llevado a la tierra patria a ayudar a sus compatriotas rebeldes al declararse un gran levantamiento armado en la primavera de 1876. Para pasar de Rumanía a Bulgaria, Botev concibió una acción que fuera audaz, patriótica y espectacular a la vez. Los ecos de esta operación llegaron poco después a casi toda Europa, incluso a España. Nuestro revolucionario cumplió de esta manera el objetivo que se había planteado: que toda Europa se enterara de que el pueblo búlgaro no era un pueblo sumiso, conforme con su suerte de esclavo del atrasado imperio otomano; que luchaba por su libertad y que estaba dispuesto a morir por ella. Una acción política con un telón de fondo revolucionario, un guión romántico y un móvil patriótico: así en el lejano año 1876 algunos periódicos españoles concibieron la operación de Botev para secuestrar provisionalmente el barco austriaco Radetzky, que navegaba por el Danubio, obligar a su capitán que desembarcara en un paraje desierto de la costa búlgara del río a los 200 insurrectos búlgaros a bordo, miembros del destacamento que Botev lideraba, y hacer saber a Europa que el pueblo búlgaro no se doblegaba ante sus subyugadores otomanos. Pocos saben que la noticia de esta acción de Botev y sus compañeros búlgaros llegó con sus proyecciones políticas hasta La Habana y Lima, Buenos Aires y México. Llegó a América a través de la prensa española, que era la fuente mas fidedigna de información sobre todos los temas europeos. El primer periódico español que comunicó, si buen sucintamente, de Botev y sus compañeros, fue el Diario de Barcelona. Es sabido que cuando iba a secuestrar el barco austríaco, Hristo Botev envió con un adicto a la causa varios telegramas a periódicos franceses, acentuando en los objetivos políticos de la acción. Si no, el mundo la iba a interpretar como hoy interpreta el enésimo secuestro de un avión de pasajeros. Así pues, una sola semana después de lo ocurrido, el diario barcelonés, utilizando fuentes francesas, ya situaba a Botev y sus insurrectos en un contexto político y revolucionario, anunciando que doscientos insurgentes búlgaros habían bajado a la ribera búlgara del Danubio para ayudar a sus hermanos que se habían levantado en armas. De la propia acción contó con lujo de detalles, algunos certeros, otros irrisorios, el órgano de prensa de los militares españoles, Correo Militar. El 27 de junio de 1876, el rotativo comentaba el relato del capitán del barco secuestrado. Y decía que a bordo del buque habían subido en varios puertos rumanos unos 200 pasajeros de tercera clase que llevaban mucho equipaje. En un momento al capitán se acercó un señor de anciana edad y barba blanca, le habló en francés, le dijo que era voivoda, o sea caudillo guerrillero, y le entregó un documento escrito en francés. Bueno, demasiado fantasioso el relato, porque Hristo Botev llevaba una barba color azabache y tenía apenas 28 años. Con esta edad pasó a la eternidad el 2 de junio de ese mismo año 1876, y con esta edad lo tiene grabado en su memoria el pueblo búlgaro. Y continua su relato el Correo Militar de Madrid: El documento era una orden del comité revolucionario al capitán del barco Radetzky. Se le ordenaba, en nombre de la humanidad y de la libertad, que desembarcara a los 200 insurgentes que estaban a bordo, en la orilla búlgara del río. Si no lo hacia, iban a emplear la fuerza. En un primer instante el capitán renunció a cumplir la orden. Entonces los doscientos hombres tiraron sus capas y aparecieron en uniformes militares, abrieron sus equipajes y sacaron magníficos revólveres y fusiles. Esta vez el capitán obedeció a Botev. El barco se detuvo y los 200 rebeldes bajaron a la orilla búlgara e hicieron ondear su bandera. Tan pronto como el barco siguió su camino, los centinelas turcos salieron de los puestos cercanos, pero fueron abatidos por las balas de los insurrectos búlgaros. Hay otro periódico español más que en aquel 1876 dio la noticia de Botev y sus compañeros y la comentó. Se trata del semanario “La Ilustración Española y Americana”, el más leído en aquella época en España y América Latina. El 30 de julio de aquel año, Eusebio Martínez de Velasco, encargado del espacio Crónica Ilustrada, escribía con profunda compasión un texto explicativo de un grabado que publicaba. “Un centenar de búlgaros desdichados, que desembarcaron hace unos días en la costa búlgara del Danubio, cerca de la fortaleza de Vidin, fueron atacados sorpresivamente por una unidad turca y fueron muertos y mutilados. Parecían a primera vista campesinos comunes y corrientes. En un momento sacaron sus fusiles y revólvers y formaron un destacamentos de doscientos insurrectos bajo el mando de Botioff. Los rebeldes desembarcaron en la costa búlgara del Danubio y desplegaron su bandera verde. Las cabezas ensagrentadas expuestas en la fortaleza de Vidin señalaban el trágico fin de estos patriotas.” He aquí la bandera de Hristo Botev y sus compañeros de combate búlgaros. Una bandera que es de color verde, símbolo de la esperanza, para los españoles. Y luego, como acorde musical final que debe quedar resonando en la mente de los lectores, está la palabra “patriotas”. Esta palabra falta en el texto de El Correo Militar que citábamos, no está tampoco en la fuente original de la información sobre la acción del revolucionario búlgaro Hristo Botev, fuente que utilizó Eusebio Martínez de Velasco. Se trata de un reportaje de un periodista francés que estuvo a bordo del barco Radetzki tan solo una semana después de Botev. En ese texto francés Uds no encontrarán esta palabra, patriotas. Este es un calificativo netamente español de lo sucedido a bordo del barco y de su connotación política. Un epíteto español y un gesto que los búlgaros de hoy apreciamos muy altamente. Hristo Botev es uno de los símbolos nacionales de Bulgaria. Europa lo desconoce como poeta, y es uno de los mejores artífices del verso . A nivel continental. Tal vez un extranjero no pueda llegar a concientizar la fogosa poesía de Botev porque es sumamente difícil traducirlo, a la lengua que sea. Se han hecho varios intentos de verterlo al español, a cargo de poetas cubanos. Les ofrecemos un solo ejemplo, de uno de los poemas emblemáticos de nuestro pueblo. Se trata de una estrofa en que se habla de cómo el viento susurra en el bosque. Y en búlgaro se oye el sonido “E” trece veces en cuatro líneas. Como si fuera el soplar del viento. Según los especialistas, este es un logro fantástico. Y fíjense que se trata de verso ritmado y rimado. En español, lógicamente, no se ha podido conseguir el mismo efecto, pero aun así, uno se da cuenta de la elevadísima categoría de este poeta nacional búlgaro. “La noche cae, nace la luna, estrellas cubren el firmamento, susurra el bosque, sopla el viento, la vieja sierra su gesta canta.,..” En el mundo hispano, Hristo Botev es - mejor dicho era , hasta hace dos o tres decenios, más conocido en Cuba que en los demás países hispanoparlantes. Es porque existe una impresionante semejanza entre la vida y la obra del búlgaro Hristo Botev y el cubano José Martí. En Cuba fueron realizados estudios comparados de los dos próceres, firmados por ejemplo por un literato de la talla del profesor José Antonio Portuondo. En los institutos de formación de traductores, Botev era recitado en búlgaro y en español, eran cantadas, en original, o bien vertidas al español, muchas de las canciones que el pueblo búlgaro ha compuesto a base de los versos de Botev. Y un hecho significativo. En 1981, Bulgaria concedió el premio internacional a nombre de Hristo Botev, la mas alta distinción literaria del país, al celebre poeta español, Rafael Alberti. Cuando llegó a Sofía a recibir el premio, el famoso y fogoso maestro del verso español trajo consigo y leyó ante el publico asistente a la ceremonia de entrega, un poema. Lo había dedicado a Hristo Botev, y le sirvió de motivo de inspiración uno de los mejores poemas del poeta búlgaro, titulada “Haiduti”: es el nombre que tenían los guerrilleros búlgaros que luchaban contra la dominación turca en el pasado. Y Alberti comenzó su propio poema con el verso que da inicio al de Botev, y que decía: “Sopla, abuelo, la flauta”. Botev se dirige a un anciano pastor de ovejas búlgaro exhortándolo a soplar su flauta pastoril, para que el propio poeta siga la melodía y cante, junto con el anciano, canciones viejas de gloriosos voivodas y guerrilleros, para que se levante con estas canciones todo el pueblo de Bulgaria y conquiste con su arrojo la libertad de su patria oprimida. Alberti va más lejos. Tomando pie en el poema de Botev, llama al pastor a tocar su flauta pastoril muy alto, tan alto que lo oigan hasta las montañas, para que se levanten las montañas en armas, para que el mar despierte de su modorra, para que toda la tierra se alce, convocada por esta flauta pastoril búlgara, y ayude a los pueblos a establecer una vida mejor y más democrática. Este poema de Rafael Alberti armoniza mucho con la poesía de Botev. El búlgaro se sentía llamado imperiosamente a combatir por la liberación de su pueblo, aunque le costara la muerte. Una muerte en combate que el propio poeta y revolucionario búlgaro predijo cantando en su poema “Plegaria”: “Dios mío, Dios justiciero, haz que mi brazo sea fuerte, cuando se rebele el siervo, y que encuentre yo la muerte en ese combate acerbo.” Y otro fragmento de una de las preciosas baladas de Hristo Botev: “Quien por la libertad cae, no muere nunca, a él le lloran cielo y tierra, plantas y fieras, y en sus cantos los vates loan.” Hoy se cumplen 128 años de su heroica muerte en combate, que había predicho y hasta ansiado. El que cae en la lucha por la libertad, nunca muere.
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